Un habitante de Carcosa - Ambrose Bierce
Existen diversas clases de muerte. En algunas, el cuerpo perdura, en otras se desvanece por completo con el espíritu. Esto solamente sucede, por lo general, en la soledad (tal es la voluntad de Dios), y, no habiendo visto nadie ese final, decimos que el hombre se ha perdido para siempre o que ha partido para un largo viaje, lo que es de hecho verdad. Pero, a veces, este hecho se produce en presencia de muchos, cuyo testimonio es la prueba. En una clase de muerte el espíritu muere también, y se ha comprobado que puede suceder que el cuerpo continúe vigoroso durante muchos años. Y a veces, como se ha testificado de forma irrefutable, el espíritu muere al mismo tiempo que el cuerpo, pero, según algunos, resucita en el mismo lugar en que el cuerpo se corrompió.
Me llamas puto, como si de ti no hubiera porquería. Querida, la rosa no es pétalo, es esencia y espina, Tú no eres cuerpo, ni traes contigo la armonía, Yo soy hombre, soy un jardinero que te cultiva cada día, Caballero andante por ti, Quijote de noches de agonía, ¿Puede acaso el reloj robarme […]
Esta es la carta que dejo Jhon Collenss en una acera mojada de Los Ángeles un 15 de agosto de 2013, antes de morir atropellado salvando a un joven peatón que más tarde sería identificado como su hijo. El medico dijo que me quedan tres meses de vida, que el cáncer en mis entrañas esta ya demasiado […]
El pensamiento de Baruch Spinoza en palabras simple
«Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida. Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti. ¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y […]
José Gorostiza - Muerte Sin Fin
Conmigo está el consejo y el ser, soy la inteligencia; mía es la fortaleza. Proverbios, 8,14. Con él estaba yo ordenándolo todo, y fui su delicia todos los días, teniendo solaz delante de él en todo tiempo. Proverbios, 8,30. Mas el que peca contra mí defrauda su alma; todos los que me aborrecen aman la […]
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