Un habitante de Carcosa - Ambrose Bierce
Existen diversas clases de muerte. En algunas, el cuerpo perdura, en otras se desvanece por completo con el espíritu. Esto solamente sucede, por lo general, en la soledad (tal es la voluntad de Dios), y, no habiendo visto nadie ese final, decimos que el hombre se ha perdido para siempre o que ha partido para un largo viaje, lo que es de hecho verdad. Pero, a veces, este hecho se produce en presencia de muchos, cuyo testimonio es la prueba. En una clase de muerte el espíritu muere también, y se ha comprobado que puede suceder que el cuerpo continúe vigoroso durante muchos años. Y a veces, como se ha testificado de forma irrefutable, el espíritu muere al mismo tiempo que el cuerpo, pero, según algunos, resucita en el mismo lugar en que el cuerpo se corrompió.
Se dirigía a su trabajo como todos los días, seguía el ritual eterno de la rutina matutina. Levantarse tarde, bañarse rápido, extrañar a sus padres, la vida jamás fue más aburrida. Abordó el autobús ojalatesco que pasaba cerca de su lugar de trabajo. La bestia mecánica del transporte público tenía una cabina recubierta por cintas […]
No hay en mi nada deseable, ni un gesto de belleza, ni dulzura de corazón, No hay coraje de león, ni altura de águila. Me ven más como una serpiente, como un alacrán de afilado aguijón, pero no soy así. Ese no soy yo. Ojos, los tuyos, Y los míos si me miras, Ojos, […]
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