Actualmente, y más en el mundo occidental, se entiende que el acaparamiento de bienes, es decir el concepto occidental de riqueza es sinónimo de la felicidad, el problema viene a ser cuando se sobrepone un concepto al otro y el sustantivo pasa a simular el concepto original con el que compartía similitud, tal es el caso de la riqueza, que como nuevo concepto de felicidad hace que aquellos individuos que carecen de esta sean infelices hasta que de alguna forma consiguen acumular cierta cantidad de bienes. El problema surge cuando en una sociedad de consumo nadie nunca tiene suficiente por la constante depreciación de los bienes adquiridos o por los constantes cambios en las tendencias consumistas. El hombre que se cree pobre por carecer de bienes, es un individuo cuya concepción de lo bueno, la vida, la felicidad y la plenitud ha sido modificada para concordar con un impostor llamado riqueza.
Cuantos de nosotros no nos hemos sentido fracasados o desilusionados por nuestros logros que en suma inmediata parecen ser solo un remedo de nuestras proyecciones humanas, el éxito, hombres y mujeres, solo puede estar asegurado cuando la definición de este está relacionada con nuestras capacidades intrínsecas, es así como un pintor no ha de esperar ser exitoso como matemático, ni un matemático como escritor (aunque casos se han dado). Representa un fracaso para el hombre moderno el que su felicidad se constituya a base de objetos, es una maña de la sociedad moderna occidental y una gran decepción para nuestros ancestros primitivos que vivían con menos, siendo en muchos casos más felices, es en este punto cuando la ignorancia es la felicidad, si de ignorar el canon de éxito moderno se trata.
El hombre cuando se sabe limitado por sus recursos, debe hacerse herramientas con sus atributos innatos, para balancear esa posición desventajosa del mercado elitista, que se suma a las exigencias propias de la misma naturaleza, debe ser constructivo y recursivo, poner ante sí una a una la tablilla que más adelante conformara su escalera al éxito y que depende siempre únicamente de su voluntad de poder.
No definamos más el éxito como una medida en función de los objetos, sino un objetivo entorno a las capacidades y logros de los individuos, para que nunca jamás otro hombre talentoso y con voluntad se sienta un fracasado sobre la faz de este mundo.