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Isaac Asimov - Asnos Estupidos
Por Libro Maldito Publicado en Libros, Sin categorizar en enero 8, 2015 0 Comentarios 3 min lectura
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Naron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales Galácticos.

Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y el libro, mucho menor, en el  que  figuraban  las  que  habían  llegado  a  la  madurez  y  poseían  méritos  para  formar parte  de  la  Federación  Galáctica.  En  el  primer  libro  habían  tachado  algunos  nombres anotados  anteriormente:  los  de  las  razas  que,  por  el  motivo  que  fuere,  habían fracasado.

La mala fortuna, las deficiencias bioquímicas o biodísicas, la falta de adaptación social se cobraban su tributo. Sin  embargo,  en  el  libro  pequeño  no  había  habido  que  tachar  jamás  ninguno  de  los nombres anotados.

En  aquel  momento,  Naron,  enormemente  corpulento  e increíblemente  anciano, levantaba la vista, notando que se acercaba un mensajero.

-Naron -saludó el mensajero-. ¡Gran señor!
-Bueno, bueno, ¿qué hay? Menos ceremonias.
-Otro grupo de organismos ha llegado a la madurez.
-Estupendo. Estupendo. Actualmente ascienden muy aprisa.
Apenas pasa año sin que llegue un grupo nuevo. ¿Quiénes son ésos?
El  mensajero  dio  el  número  clave  de  la  galaxia  y  las  coordenadas  del  mundo  en cuestión.
-Ah, sí -dijo Naron-. Lo conozco. -Y con buena letra cursiva anotó el dato en el primer libro, trasladando luego el nombre del planeta al segundo.
Utilizaba,  como  de  costumbre,  el  nombre  bajo  el  cual  era  conocido  el  planeta  por  la fracción más numerosa de sus propios habitantes.
Escribió, pues: La Tierra.
-Estas criaturas nuevas -dijo luego- han establecido un récord.
Ningún otro grupo ha pasado de la inteligencia a la madurez tan rápidamente. No será una equivocación, espero.

  • De ningún modo, señor – respondió el mensajero.
  • Han llegado al conocimiento de la energía termonuclear, ¿no es cierto?

-Sí, señor.
-Bien,  ése  es  el  requisito. -Naron  soltaba  una  risita-.  Sus  naves  sondearán  pronto  el espacio y se pondrán en contacto con la Federación.
-En realidad, señor -dijo el mensajero con renuencia-, los Observadores nos comunican que todavía no han penetrado en el espacio.
Naron quedó atónito.
-¿Ni poco ni mucho? ¿No tienen siquiera una estación espacial?
-Todavía no, señor.
-Pero si poseen la energía termonuclear, ¿dónde realizan las pruebas y las explosiones?
-En su propio planeta, señor.
Naron se irguió en sus seis metros de estatura y tronó:
-¿En su propio planeta?
-Sí, señor.

Con gesto pausado, Naron sacó la pluma y tachó con una raya la última anotación en el  libro  pequeño.  Era un  hecho  sin  precedentes;  pero  es  que  Naron  era  muy  sabio  y capaz de ver lo inevitable como nadie en la galaxia.

-¡Asnos estúpidos!- murmuró.
Fin.


 

Me temo que éste es otro cuento con moraleja. Pero verán ustedes, elpeligro nuclear escaló puntos cuando Estados Unidos y la UniónSoviética, cada uno por su parte, construyeron la bomba de fusión, o dehidrógeno. Yo volvía a sentirme amargado.

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