Éramos dos, el tornillo del motor de Tom y yo.
Éramos tres, el tornillo del motor de Tom, el cuervo y yo. Llego el cuervo con su natural altanería, yo estaba aún bajo el coche de Tom, discutía, golpeaba, insultaba fervientemente el tornillo del motor de Tom. El cuervo se paró en medio de la luz, era un cuervo escotado, una falda negra le acompañaba el traje mortuorio, cuervo negro, de ojos negros, como la noche.
– mi auto se detuvo a un kilómetro de aquí, me dijo.
– ¿Que quiere que yo haga?, respondí.
Salí de debajo del coche de Tom, el maldito tornillo me había vencido esta vez.
– Mire, yo podría solucionar mi problema, pero no me quiero ensuciar ¿entiende?
– Claro. Si no hay otra forma de deshacerme de usted, tendré que ver que le pasa a su auto.
En el camino, a quinientos metros del taller, en la intersección de Federal Street con Nort Road, unos tipos trabajaban de obreros en lo que sería el casino más extraño de Nevada.
El cuervo caminaba con sus piernas blancas como la leche bajo el sol abrazador, su falda negra, corta, muy corta, no le ayudaba con los obreros.
– Oye nena, porque no vienes aquí y… ya sabes conversamos en mi coche.
Justo cuando pasamos la construcción fue que empezaron los silbidos y los gritos, los pobreros eran como asnos, como ratas con unas cuerdas bucales desarrolladas, pero con el mismo cerebro.
– No creo, me dijo. – No creo que por ser mujer, ni por mi falda negra como el carbón, ni mi escote, no creo que por nada de eso, tengan ellos derecho a acosarme de tal manera.
– Claro. Le dije.
– Eso no debería pasar.
– Señorita, el mundo no es lo que debería ser. El mundo es lo que es, no puede ser de otra forma.
– Es usted un grosero. Como puede permitir que me traten de esa manera y además insinuar que es mí culpa.
– Si el mundo fuera como debería, usted no me hubiera ido a buscar, yo no hubiera tenido que ayudarla y ellos no hubieran tenido que verle las piernas. El caso es que dios le dio un poco de drama a la vida y al parecer, hizo el mundo no como debería, sino como no debería, es su decisión, no la mía, no se queje más. Si el mundo fuera lo que debería, ellos no trabajarían de obreros señorita, si el mundo fuera lo que debería, usted no trabajaría de puta.
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