Padre mío, Rey mío*, el vano amor y el odio vano
volvieron mi rostro como el de esta tierra devastada.
Los años me han convertido en degustador de penas.
Como un catador de vinos distingo
las clases de silencios,
sé lo que murió. Quién.
Padre mío, Rey mío, haz que mi rostro no se desgarre
de risa o de llanto.
Padre mío, Rey mío, haz que todo lo que me ocurra
entre el deseo y la tristeza
no me atormente, y que todas las cosas
que contra mi voluntad hago
mi voluntad parezcan. Y sea mi voluntad cual flores.
* Juego de palabras que hace referencia a la plegaria solemne que se recita durante los Días Terribles (Yamim Noraím), entre el Año nuevo judío y el Día del Perdón, diciendo en hebreo: Abinu Malkenu (“Padre nuestro, Rey nuestro”) y pidiendo clemencia y salvación.